The Doors

Aunque a lo largo de mi infancia y parte de mi adolescencia escuché en alguna ocasión a los Doors, nunca les di demasiada importancia. De hecho, si los escuché fue siempre accidentalmente.

Sí, tenían canciones molonas y pegadizas como “Hello, I love you” o “Break on through” pero… Creo que no escuché ninguna otra o al menos que yo recuerde.

El caso es que siempre supe que existían pero no me dio por ellos, como me pudo dar por “Queen” o los “Beach Boys”, que gobernaron mi infancia, como ya comenté. Sin embargo, el algún momento de mi adolescencia, descubrí que el nombre del grupo era por Las Puertas de la percepción de Aldous Huxley, libro que me había leído recientemente.

Supongo que lo leí en alguna revista o programa de la tele(internet estaba despegando) y me dio que pensar, así que investigué un poco(¡qué tiempos sin google!) y descubrí que al parecer, el cantante, Jim Morrison, era una especie de psiconauta. Le gustaba experimentar con las drogas y componer bajo su influjo. Explorar su psique, ver sus límites y experimentar todas las sensaciones posibles.

Sus canciones estaban ahí, muchas como antiguos hits que aún perduraban pero una vez conocías a Jim Morrison, veías y escuchabas sus canciones de otra forma. No eran música y ya está, eran el cuaderno de bitácora de alguien que trataba de entender su propia consciencia, cruzando los límites que hicieran falta.

Morrison había dejado poesía y otros escritos y también algún video de su época estudiantil, todo muy enigmático y experimental. Además, había muerto joven, con veintisiete años, como otros músicos de su época(ya hablé de ello en “El funesto club de los 27”), así que un halo de misterio terminó cubriendo toda figura, vida y muerte.

Andaba familiarizándome con las canciones cuando inesperadamente encontré en el videoclub la película de los Doors. Llevaba también un tiempo leyendo revistas de cine y tal y me extrañó muchísimo no haber sabido nada antes de aquello. Recuerdo que revisé varios ejemplares furioso, pensando que se me había pasado pero no encontré nada.

Por aquel entonces Oliver Stone no era gran referencia para mí pero sí Val Kilmer y Meg Ryan, de la que estaba perdidamente enamorado. Total, que sin dudarlo, la alquilé.

Recuerdo que me quedé flipado. No podía creer que hubiera existido alguien como Jim Morrison, tan libre y loco a la vez, como si una cosa no pudiera existir sin la otra. Alguien a quien todo parecía importarle poco, si no podía probarlo o experimentarlo, llevándolo a sus límites.

Pero detrás de todo ese alboroto, estaba la búsqueda de uno mismo, la necesidad de conectar con otro u otros seres humanos y redefinir juntos sus realidades, la realidad, de tal manera que todo tuviera más sentido que en la “cordura” establecida, donde todos hacemos las cosas sin cuestionarlas.

Brutal Val Kilmer, increíble caracterización y en cuanto a Meg Ryan… ¡Uf!, genial, como siempre pero con el añadido de que tiene su escena de enseñar y todo.

Tras la peli ya me volví fan incondicional y empecé a hacerme con su discografía.

Una de las cosas que más me fascinaron descubrir en la película fue su conexión con los indios nativo americanos, que materializaba con sus extraños bailes cuando cantaba en el escenario. Resultaba que si ponías una hoguera en el centro, lo que hacia el bueno de Jim(en algunos casos) eran pseudo danzas tribales.

Se supone que muy pequeño vio como moría un anciano indio y su espíritu se introdujo en el, acompañándolo a lo largo de su vida. Indio que se personificaba(más joven) cuando Morrison se ponían a experimentar con drogas, para indicarle tanto el camino para evadirse como para volver.

Esto del indio lo parodió Mike Myers en El Mundo de Wayne 2, donde recibe sus visitas y las del propio Jim para “guiarle”(más bien, motivarle) en hacer un festival de música.

Es una segunda parte genial que se puede ver sin haber visto la primera aunque no es recomendable.

Al llegar ya a esa etapa de salir y hacer botellón, me encontré, nos encontramos o me encontraron gente con mismos variados gustos musicales(con el tiempo me di cuenta que simplemente teníamos gusto musical) y resultó que hablar de los Doors pero sobre todo de Jim Morrison te ayudaba mucho a ligar(¡qué cosas!), así que escarbé todo lo que pude, procurando ser un erudito en cuanto a su persona y obra.

Memoricé letras, busqué traducciones, me aprendí algún poema, algunas frases metafísicas y me hice con alguna camiseta. Gané mucho en las distancias cortas, incluso años después, aún me sirvió, con alguna que suponía que le gustan los Doors y Jim Morrison, como relaté en “Me gusta todo tipo de música”.

Pero tras aquel interés social/sexual, escondí una verdadera curiosidad sobre Jim, autoproclamado Rey Lagarto, sobre su percepción de la realidad y experimentación con ésta, a los límites de sensaciones y sentimientos a los que llegó. Evidentemente, lo interpretaba como que más o menos llevaba a la práctica lo que comentaba Huxley… Enseguida lo enlacé con William Blake y con el clan Malkavian del juego de rol de Vampiro La Mascarada.

No sé, quizás si escuchas los Doors sin saber mucho sobre ellos no te llamaran mucho la atención, salvo los típicos hits, pero una vez te zambulles en la figura de Jim Morrison, todas las canciones se vuelven interesantes y si estás solo sin hacer nada, te da por pensar…

O no. Puede que sea cosa mía. Escucharlos me evoca tiempos mejores, inconscientes… Siempre que oigo Riders on the storm me acuerdo de aquel sitio, entonces desconcido. Un pasillo largo, ancho y oscuro. Algunas puertas abiertas a la derecha y otra al fondo. Velas por todos sitios y botellas vacías. Una señal de tráfico y un cd portátil en algún sitio conectado a un gran radiocasete de doble pletina. Algunas banderas de grupos viejos, como Bob Marley en las paredes…

Entramos. Llovía. Como en la canción, el efecto al entrar, cerrar la puerta y empezar la canción nos hizo gracia. Con quienes iba se perdieron al fondo y no conocía a nadie más, en todo el pueblo. Me quedé embobado, admirando aquel pasillo con la música de fondo y tardé unos segundos en reaccionar e ir tras mis amigos.

De las puertas laterales alguien se asomó. Rubia, aunque su pelo parecía naranja. “¿Qué si tengo un mechero?. Claro que tengo un mechero… ¿Quieres un mechero?”, no sé cuantas cosas les respondí, entre el nerviosismo y la embriaguez, hasta que finalmente saqué el mechero y se me cayó. Entonces paso lo típico de agacharse dos y chocar las cabezas, que suena gracioso o aquí romántico pero duele que te cagas, aún estando borracho.

En fin, ella estaba aparentemente sola, no recuerdo si le pregunté por qué, cuando me di cuenta estaba sentado con ella en un sofá con una funda morada frente a una estufa de resistencias, hablando de Jim Morrison y los Doors.

Cerramos la puerta para que supuestamente no se fuera el calor pero abrimos la ventana para seguir oyendo un recopilatorio de los Doors. No recuerdo qué canción o canciones escuchamos entremedias pero en algún momento saltó irremediablemente Light my fire y no sé… Aún me acuerdo de ella, de aquel pasillo y aquella habitación.

Me volví loco tratando de dar con ella después de aquello, sin internet ni siquiera móviles. Revolucioné a mi primo y sus amigos buscándola… Que dieron con ella meses después ya que era un par de años mayor, lejos de sus círculos pero se mudó o no sé qué historia… Espero que este dónde este, se acuerde de mi cuando escuche a los Doors.

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Naci, creci y ahora estoy aqui.

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  • Jacobo Ríos

    Gracias o por culpa de The Doors llevo media vida esperando a visitar méxico y hacer la ruta del Peyote.
    La película fue enorme, Oliver Stone suele serlo, y Val Kilmer por aquel entonces también.
    Recuerdo también a Bunbury decolorándose el pelo a rubio para intentar evitar que lo acusaran de parecerse a Jim, pero bueno, realmente era un gran halago, pero la juventud es lo que tiene, que quieres ser diferente, y se entiende.

    Pero no sé, lo cuentas de tal forma que da la sensación que solo te interesaras tanto para intentar ligar, como una versión de los que bailan bachata para llevarse chicas al huerto hoy día.

    • La verdad es que -al menos como lo pintan en la peli- tiene que ser una pasada, ahi en el desierto… Lo malo es que te suba en plan chungo y termines cayendo o tirandote sobre unos cactus 😀

      Lo de Bunbury, efectivamente, siendo artista tiene que ser chungo que te acusen de “imitar” a una de tus influencias. Yo al principio lo odie(a Bunbury), luego lo adore, luego lo volvi a odiar y finalmente ni fu ni fa…

      Y por supuesto que los Doors para mi empezaron siendo un burdo objeto para ligar, de eso trata esta entrada; una confesion, de mis inicios herejes con un grupo que hoy tengo encumbrado