Ojalá mi vida fuera un shooter

Doom II – Unreal – Commandos –  Left 4 dead – Counter Strike

No soy ningún gamer aunque jugar, juego, como ya comenté en “Videojuegos”. Cierto es que me puedo enviciar como cualquiera y cuando el trabajo y la vida real me lo permiten, puedo estar en Matrix hasta que me noto crecer la barba.

Tandas de esas que cuando acabas te das cuenta que tu cuerpo quiere mear y alimentarse hace horas; te levantas y te duelen las piernas, te asomas por la ventana y ves chavales jugando en aeropatines… Cierras los ojos en la ducha y ves pantallazos del juego.

Pero como digo no soy ningún gamer, principalmente porque no soy muy bueno jugando y luego está que no juego a muchos juegos. Es más, solo suelo jugar a un videojuego durante meses y cuando lo quemo, vuelvo a otro. Casi siempre los mismos.

El caso es que los que más me han gustado siempre son los shooters. Se descarga mucha tensión en ellos. Muchos hablan de que si incitan a la violencia y blablablá. No más que el painball, señorías, o que los niños y niñas jueguen a policías y ladrones o indios y vaqueros.

Los gobiernos y la sociedad deberían dejarse de chorradas de una vez y recoger estadísticas rigurosas sobre qué aficiones tienen aquellos que comenten delitos. A ver cuántos juegan a videojuegos o a rol o escuchan música “satántica”. Luego a ver cuántos son forofos del fútbol, la semana santa o Andy y Lucas.

El que está loco lo está independientemente de sus aficiones. Hitler pintaba, ¡coño!. Van Gogh se cortó una oreja y nadie le ha dado por pensar que la pintura induce al genocidio y a la automutilación.

Evidentemente pienso que este tipo de juegos, al igual que las películas, deben estar restringidos hasta ciertas edades pero a partir de ahí, ya no podemos hacer nada. Eso o prohibimos según qué también películas, libros, cómics, música…

En fin, como decía, me encantan los shooters y los ahora actuales, más, no por sus gráficos y movimientos rozando el realismo, si no porque ahora disparas a otros jugadores con los que puedes interactuar. Cagarte en sus muertos cuando te matan y eso.

Además, aprendes idiomas, los de Benetton podían sacar varias campañas de fotografía con los jugadores; muchos son niños, niños rata. El resto creo que encajaríamos mejor de fondo en Callejeros.

El primer shooter al que jugué fue al Doom II, no estoy seguro si fue en el Windows 3.1 o ya en el Windows 95 pero en cualquier caso lo instalé a base de disquetes. Visto en perspectiva es una mierda pero lo cierto es que en su momento lo petó. La historia iba de matar demonios y alienígenas a cascoporro.

Cuando empecé a jugarlo ya estaban las consolas y casi caigo de lleno bajo su poder si no hubiera sido por el Doom II.  Solo ese puto juego había conseguido lo que ninguno hasta entonces; sentir la tensión y la adrenalina a base de bien.

Correr, disparar, curarte… Matar. Sí, no pretendo engañar a nadie, los shooters van de disparar para matar. Matar de mentira, se entiende. Como cuando lanzas unas bolitas de pintura con la ayuda del aire comprimido o como cuando simulas que tu mano es una pistola y disparas.

En aquel entonces no existía la denominación de shooter, si no de acción en primera persona por lo que la gente no se escandalizaba. Nadie echaba cuenta a qué jugábamos. A parte de que lo que se mataban eran demonios y marcianos, así que estaba bien.

Después del Doom II estuve muchos años sin jugar a ningún shooter, hasta que llegué a la universidad o más bien a la residencia universitaria de Los Bermejales, en Sevilla. Hasta hace unos años eran filas de contenedores transformados en habitaciones con baño, hechas inicialmente para los trabajadores de la Expo´92. La cosa es que en una misma calle coincidimos muchos con aficiones afines y en algún momento nos instalamos todos el Unreal Tournament I.

Lo de los chats de voz mientas se jugaba aún no se llevaba mucho pero allí nos bastaba con dejar abierta la puerta de nuestros “cuartos” y gritar a pleno pulmón. “¿Quién es el hijo de la gran puta que me ha disparado”, se oía por un lado. “¡Te la comes con papas, cabrón!”, replicaba alguien por otro.

Por eso y por un par de cosas más(no voy a entrar en detalles porque me los guardo para mi autobiografía), nuestra calle terminó conociéndose como “El callejón del infierno”. Los que en sus paseos por la residencia llegaban a nuestra calle o aligeraban el paso o se quedaban embobados.

Total, ciñéndome al tema de este articulillo, una vez, tras maldecir con prolífica prosa y alguna escueta rima a viva voz tras morir virtualmente, vilmente asesinado, girome yo para ausentarme de mi cuarto en busca de explicaciones y encontrome un tierno jovenzuelo desconocido con los ojos bien abiertos justo en el lugar que mi puerta ocupaba cuando estaba cerrada. “¿Puedo jugar con vosotros?”.

No pensé que aquel muchacho anhelase matarnos a mí y a mis amigos, aunque fuera de manera virtual. Tampoco parecía querer entrenarse para cometer un atentado.  Solo quería poder desfogarse y echar luego unas risas.

Pues sí, desfogarse… Ya comenté en “La ira que hay en mi(y en ti)” que en este mundo de mierda, el odio nos emana por los poros a todos. El orgullo, la envidia, la avaricia y la ira están ahí todo el día pinchándonos, por muy zen que seamos o nos creamos ser. Todos necesitamos canalizar nuestras propias mierdas, a través de alguna afición o deporte.

¿Por qué leches os pensáis que algunas empresas quedan para jugar al paintball?. Todos necesitan pegarle un tiro, aunque sea de mentira, a su jefe y sus compañeros.

Yo, si no fuese tan flojo, estaría todo el día en el paintball, jugando con cualquiera. Pondría anuncios por ahí: “¿Queréis jugar al paintball pero sois impares?. Llamadme, me encanta el olor a pintura por la mañana”·

El siguiente en caer, fue el Commandos, que me había enganchado a a sus anteriores ediciones estratégicas.

En fin, el Left 4 dead fue el siguiente shooter que llegó a mi años después y por fin me sentí completo. El juego va de que sois cuatro en un apocalipsis de “Infectados”(zombies que corren). Por fin podía matar a gran escala sin remordimientos, me sentí como cuando Homer dice “cerveza”. Mi misantropía sufrió una catarsis y ahora soy mejor persona, de miércoles a sábado.

El año pasado aterricé en Counter Strike: Global offensive  y llevo enganchado a él desde entonces. Es increíble, es jugar literalmente a policías y ladrones o insurgentes y militares. Aquello a lo que jugábamos de niños, disparándonos con las manos o, en el mejor de los casos, con una pistola de agua o de juguete.

Es tan literal que hasta sigue habiendo niños, con sus voces chillonas gritando “Noob”(novato/cero a la izquierda) a todos y votando continuamente para que expulsen jugadores.

El otro día, un ruso con el Nick “Putin”(por su voz ya mayorcito) no dejaba de repartir y repetir al inicio de cada ronda “Remember, Putin is the best”, dos argentinos o uruguayos(lo siento, no distingo) se gritaban el uno al otro recriminándose cosas continuamente, unos italianos se burlaban del acento del inglés de unos españoles y alguien de nacionalidad desconocida no dejaba de decir “good job” y “nice”, supongo que así son las reuniones de las Naciones Unidas.

Ojalá mi vida fuera un shooter, no por la violencia, si no por la sencillez. Sin despertadores ni declaraciones de hacienda. Están el punto A y el punto B, amigos y enemigos, sin términos medios, objetivos claros y concisos y la posibilidad de mutear al que te moleste.

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Naci, creci y ahora estoy aqui.

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  • XDD Qué curioso, el primer shooter que yo jugué también era un Doom, pero era en la play 1. Me encantaba, y eso que era una niña pequeña…
    El left 4 dead es de mis favoritos. Poder jugar en cooperativo es una maravilla. Y yo, personalmente, prefiero cargarme bots en lugar de pelear contra gente.
    Por cierto! También existe la teoría de que los juegos violentos lo que hacen es precisamente conseguir que desahogues, y no que te vuelvas uno de esos asesinos en serie psicópatas. Ahora estoy en el móvil y no sé de quién es la teoría, pero si no me olvido, mañana busco la referencia 😉

    • Hola!! El Doom no marco a varias generaciones 😀

      El Left 4 dead es el unico que juego contra bots pero el resto de shooters si me gustan que sean personas o al menos que yo crea que lo son jeje

      Estoy a favor de esa teoria que yo veo practica y que subyace en esta entrada. A mi personalmente un par de horas “corriendo” y “disparando” me deja tierno, tierno, mas pacifico que un oso perezoso.

      🙂