Novelas de adolescentes

Rebeldes – El túnel de cristal – El guardián entre el centeno – Los escarabajos vuelan al atardecer – No pidas sardinas – Pupila de Águila

Ahora no leo tanto como leía en el colegio o en el instituto ni de coña pero no es algo que me preocupe demasiado ya que sé que ya en aquel entonces superé con creces el número medio de los libros que leían los que leían mucho en toda su vida y eso sin incluir cómics ni obras aparte de novelas.

Un friki, como tenía que ser. Un rarito, un candidato perfecto para lo que ahora se llama bullying. Mi madre era maestra en mi colegio, con eso lo digo todo. Por suerte, ya de pequeño aprendí a que se me cruzaran los cables, a plantar cara(gracias, Ender) y aunque en la mayoría de los casos me la terminaron partiendo literalmente(o un brazo), con el tiempo al final, no solo me dejaron en paz, si no que adquirí una confianza que me sirvió para defender a otros en el instituto, con grandes resultados.

El caso es que al final, uno se tenía que refugiar en algún sitio, como Bastián en la librería del señor Koreander, aunque ya no le persiguiera nadie. Siempre me hizo gracia los que decían(dicen) que los que se evaden de la realidad no son conscientes de ésta. Me hace gracia porque siempre he pensado que precisamente ser consciente de la realidad es lo que provoca que te quieras evadir de ella.

En fin, ya he comentado con anterioridad mis inicios frikis en entradas como “Portales a otros mundos”, “Terror amigo” o  “Mamá, juego a Rol” y ahora quería aclarar que no todo fueron para mí extraterrestres, robots, fantasmas, dragones, guerreros y superhéroes.

También leí novelas “normales”, de chavales que hacían cosas o les pasaba algo pero nada paranormal ni mágico. Principalmente se escapaban de casa o se las daban de detectives, vaya, leí más, pero a éstos dos grupos es a los que más cariño les tengo.

De muchachos que huían de sus vidas estuvieron: Rebeldes, El túnel de cristal y el Guardián entre el centeno. De investigación detectivesca: Los escarabajos vuelan al atardecer, No pidas sardinas fuera de temporada y Pupila de Águila.

El de Rebeldes creo que fue el primero que me enganchó, al principio simplemente porque la autora tenía un par de años más que yo(S.E. Hinton tenía 17 años cuando la escribió). La cosa era que había visto la película de Grease por lo que me fue muy fácil imaginar y contextualizar a los personajes y la historia, aunque no fuese una comedia ni bailasen.

Va de dos chavales que se ven obligados a huir de sus vidas debido a una pelea callejera en la que muere un chaval. Coppola adaptó Rebeldes al cine, con un reparto excesivamente potente, como las pelís de The Exendables, lo que me provocó una sensación muy rara al ver la peli, como si en vez de personajes fuera consciente en todo momento de que eran actores.

Tom Cruise, Rob Lowe, Patrick Swayze, Emilio Estévez, Matt Dillon, Ralph Macchio… Una locura.

Siguiendo esta línea, me hice con El túnel de cristal, de Maria Gripe, de la que ya me había leído Los escarabajos vuelan al atardecer. En esta historia, más actual, es un niño sueco al que se le cruzan los cables y un día decide no volver a casa e irse a otra ciudad, en plan vagabundo.

El chaval termina haciéndose amigo de un vagabundo de verdad y de una chica ciega mientras intenta sobrevivir como puede.

Luego vi la peli de Conspiración y me picó la curiosidad por aquel libro que el prota no podía dejar de comprar y que muchos asesinos de famosos están relacionados directamente con ejemplares del libro, como el asesino de Lenon o el de Kennedy.

El guardián entre el centeno no dejaba de ser otra novela de un adolescente que se escapa de su casa aunque un poco más crecidito que los anteriores, tratando la sexualidad tranquilamente y todo más transgresor, misántropo y violento.

No recuerdo a quién le deje el libro pero si estás leyendo esto, eres un cabrón. O cabrona.

El otro grupo destacado de novelas que leí fue como decía las de chavales que tenían que investigar algo o hacer de detectives.

Creo que la primera novela que leí en esta línea fue la de Los escarabajos vuelan al atardecer, de la ya mencionada María Gripe. En ella, tres muchachos aceptan el encargo de ir a regar las plantas de una casa en verano y allí descubren en un desván, unas cartas que hablan de una maldición egipcia… Los chavales se verán envueltos en un misterio del que poco a poco irán obteniendo pistas.

Recuerdo que este libro me lo encontré en el campo de mis abuelos, era de alguno de mis tíos y me llamó la atención por el título y porque la portada había elementos del ajedrez, juego que adoraba, como comenté en “Jaque mate”.

Luego me aventuré con No pidas sardinas fuera de temporada y no me decepcionó para nada. En ella, un chicho de BUP(el instituto) en Barcelona, se las da de detective y sin darse cuenta se ve envuelto en unos asuntos turbios que querrá aclarar mientras trata de enamorar a una chica.

Finalmente , me leí Pupila de Águila. Me llamó mucho la atención su título y su argumento. Luego la historia me cautivo y me enamoré de la protagonista.

Una chica deportista está en el hospital por una lesión y allí conoce a un chico de su edad que está allí por un intento de suicidio. Es muy distinto a la muchacha y no está por la labor de hacer amigos pero terminará ayudándola a descubrir cómo era su hermano mayor y porqué se suicidó.

Una novela que me pareció sublime y que también dejé a alguien que no me la devolvió. Por eso yo ya no presto nada. El que quiera, le dejo que se siente ahí en una esquina a leer pero de aquí ya no sale más nada.

En fin, no todo va a ser siempre épica, aventuras, terror o ciencia-ficción. Con la vida “normal” también se pueden hacer grandes ficciones.

Acerca de

Naci, creci y ahora estoy aqui.

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  • Cecínica

    Maravillosa María Gripe, yo me leí la de los escarabajos, los hijos del vidriero, Agnes Cecilia, la hija del espantapájaros y la sombra sobre el banco de piedra.
    Lo que tiene ser hija única.

    La literatura juvenil buena era una droga, Además, a mí nunca me compraron videojuegos.
    Léete en una tarde la sra Frisby, verás cómo flipas. Hay quien nunca deja de ser niño y eso está bien. Muy bien, de hecho.