El Señor de los Anillos

El Señor de los Anillos me lo leí estando en el instituto, concretamente en un puente largo en el que se suponía que tenía que estudiar para un examen gordo. Serían mediados de los noventa o así y empezaban a ponerse de moda las bebidas energéticas y multitud de “pastillas para estudiar”, mejor concentración y blablablá.

La cosa es que yo estaba mentalizado para estudiar, hasta el punto de haber comprado varias cajetillas de pastillas y unos cuantos packs de bebidas(téngase en cuenta que yo siempre he sido más de bajar que de subir). Estaba dispuesto a montarme una rave del conocimiento.

No recuerdo exactamente cómo o porqué cogí el primer libro del Señor de los Anillos en medio de aquel desenfreno autodidáctico(no había atendido mucho en las clases) pero cuando me di cuenta ya estaba saliendo de La Comarca

Había adquirido los tres libros una o dos semanas antes y estaba esperando al verano pero las drogas y la bebida me hicieron precipitarme anticipadamente a la obra de Tolkien. Hacía relativamente poco había acabado mi primera trilogía de Dragonlance y aquello fue algo así como descubrir que están Marvel y Dc, Pepsi y Cocacola o Star Trek y Star Wars.

Como ya casi todo el mundo sabe, el mundo del Señor de los Anillos es el mundo de la Tierra Media, un continente poblado de humanos, elfos, enanos y hobbits, entre otras razas y seres de fantasía. Aquí el malo es precisamente El Señor de los Anillos o El Señor Oscuro, que hace mucho tiempo creó los anillos de poder y se los entregó a los líderes de las razas principales, engañándolos, ya que usar el poder de los anillos provoca que uno vaya convirtiéndose en malvado, al Lado Oscuro. Hubo una guerra y los buenos consiguieron derrotar a Sauron, el Señor Oscuro, al cortar su dedo y separarlo de su Anillo Único.

Total, que muchos años después, que ya estaba casi olvidado todo, resulta que el Anillo Único, que se creía perdido, reaparece mientras que paralelamente orcos, trasgos y otras criaturas malignas empiezan a ser vistas de nuevo.

Por suerte, el Anillo Único cae en buenas manos y los líderes de las razas deciden que una compañía, la Compañía del Anillo, porte el anillo hasta el Monte del Destino, el volcán donde se forjó y único lugar donde puede ser destruido.

Sin duda una obra maestra. Todos y cada uno de los personajes que protagonizan y aparecen en la historia tienen profundidad y relieve y los diálogos y descripciones resultan abrumadores, con multitud de frases y gestos que se te quedan grabados a fuego.

Muchos hablan de interpretar El Señor de los Anillos, que si es belicista, que si no lo es, que si Tolkien era misógino… Siempre he pensado que todas esas cosas es como pretender rendir cuentas con Dios o recriminarle las acciones humanas.

Desconozco cómo era Tolkien realmente pero a mi juicio transmite e inspira los mismos buenos valores que Dragonlance o la mayoría de obras de fantasía y/o épica; la sinceridad, el compañerismo, la tolerancia, el diálogo, el mestizaje, la igualdad de género…

Como ya he comentado en varias ocasiones, al juego de rol que más jugué fue al Señor de los Anillos. Calculo que habrán sido meses o más bien años los que he pasado en la Tierra Media, el personaje que más me duró fue un mago elfo noldor que durante un tiempo fue drogadicto por culpa de una bella animista y sus infusiones.

Desde aquí tengo que agradecer a Dani Pino que asumiera la ardua y paciente función de master durante incontables horas y aventuras. Fue quien me permitió que explorara la Tierra Media más o menos a mi antojo.

Jugamos bastantes veces en la cafetería del instituto, ahí, a plena luz del día y en un sitio público pero es que a Dani, al resto de jugadores y a mí, nos podía el mono de jugar.

Internet empezaba a despertar y cada uno pasábamos un par de horas descargando tres o cuatro ilustraciones del Señor de los Anillos que luego guardábamos en un cedés. Compartíamos mapas que encontrábamos o detalles desconocidos sobre razas o lugares. Se podría decir que nos convertimos en geógrafos, historiadores y sociólogos. Incluso lingüistas.

Ains… Y el mundo entero pensando que estábamos por ahí sacrificando bebés en ritos satánicos.

En fin, por supuesto no tardé en leerme el Hobbit y después, a pesar de las advertencias, El Silmarillion.

Tuve mucho miedo cuando anunciaron que Peter Jackson iba a hacer las pelis, no por él, si no por hacer las pelis en sí. Durante tantos años, entre ilustradores y fans se había llegado a cierto consenso en casi todos los aspectos de los personajes y escenarios. No es que todos tuviéramos en mente las mismas caras exactamente o todos los detalles de castillos, posadas o bosques pero si que nos movíamos entre ciertos márgenes.

Peter Jackson fue muy friki o muy listo(o las dos cosas) y se puso en contacto con ilustradores y asociaciones para perfilar bien las películas y hacerlas lo más fiel posible a los libros y sí, sacrificó a Tom Bombadil y se tomó otras licencias pero la realidad es que hizo una jodida obra de arte. Otra cosa es lo que ha hecho con el Hobbit

Nada que ver con la antigua y bochornosa película de animación, en la que -en el doblaje- pronunciaban los nombres como les daba la gana y ver correr a cualquier personaje resultaba ridículo, incluso para un ferviente fan que paralelamente podría tragarse maratones de serie B.

Total que lo de estudiar se me olvidó aquel puente aunque el resto del mundo pensó que estuve partiéndome los cuernos, solo parando para comer, ir al baño y dormir un poco. No me acuerdo ni de qué era el examen.

Maldito Tolkien y la drogaina legal.

Acerca de

Naci, creci y ahora estoy aqui.

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